Noticia

Luis García entrenador Levante U.D.

El inquilino de la habitación 501

01/07/2010

Miguel Angel VaraTexto: Miguel Ángel Vara (D. AS)
Fotos: Iranzo&Gonzalez (D. AS)

Hello Valencia. Especial aniversario 2000-2010.
Edición 113 Julio
 
La primera vez que Luís García Plaza estuvo ante los jugadores del Levante pudo ser la última. Toda la ilusión que un joven técnico de 36 años puede tener se la apagaron los futbolistas que se encontró, que rebotados por todo lo vivido el año anterior y por no haber cobrado se negaban a entrenar. Aquel día en Oliva, donde en teoría iba a empezar la pretemporada 08-09 lo que arrancó fue un pequeño calvario en el que nada se habló de fútbol y sí de impagos, pagarés devueltos, cartas de libertad y leyes consursales. Por aquellas fechas, el entrenador madrileño le dieron ganas de hacer la maleta y volver a su ex equipo, el Benidorm, del que había salido unas semanas antes poniendo dinero de su bolsillo para comprar su libertad.
 
La última vez que Luis García Plaza se plantó ante los jugadores del Levante hizo llorar a ocho de ellos y hasta él mismo se le saltaron las lágrimas. Fue en el estadio Ruiz de Lopera, con los granotas ya ascendidos y como convidados de piedra a la fiesta/funeral de los verdiblancos. Como es habitual, el técnico hizo corro con toso sus hombres antes del partido e inició la charla. Esta vez poco había que hablar en lo deportivo, pues la faena estaba hecha.
 
- Somos una familia y éste es el último partido que estados todos juntos-. Les dijo a sus jugadores. Y poco más hizo falta para que Iborrra, Héctor, Juanlu... empezaran a llorar recordando todo lo vivido en la campaña 10-11 en la que, contra todo pronóstico y superando mil adversidades el Levante ascendió a Primera.
 
- Bueno, parad de llorar que si no acabaré llorando yo-. Les dijo el entrenador azulgrana que, esta vez sí derramó lágrimas de alegría y emoción, no de impotencia, como en Oliva, cuando arrancó una pesadilla que él terminó mutando en un sueño con final feliz.
 
En medio de estas dos escenas hay miles de horas de trabajo acumulado por un preparador que sabía que el Levante podía ser el último tren hacia la élite pese a tener sólo 37 años. Tras ser futbolista discreto que como máximo fue convocado por el Atlético de Madrid para tres partidos, una lesión le condujo a los banquillos cuando rondaba la treintena. Luis se sacó el carnet junto a un compañero de equipo, que le llevaba a su casa a estudiar y allí fue donde conoció a su mujer, Maribel, la hermana de aquel compañero que metió en su domicilio un compañero y terminó sacando un cuñado. Así es Luis García: vivo, despierto, siempre con la mente funcionando.
 
Maribel y sus dos hijos san sido el soporte y la vía de escape que ha tenido Luis en estos dos años en lo que la dificultad ha sido el principal compañero de viaje. Por eso, el técnico ha devorado kilómetros para recorrer la distancia entre Valencia y Altea, donde está fijado el domicilio familiar, hasta tres veces por semana. Estar con los suyos no tiene precio y no han pasado más de tes días sin que unos u otros condujesen por la autopista para encontrarse. Cuando venían a Valencia, el cuartel general era la habitación 501 del hotel Sorolla, testigo mudo de las alegrías y enfados del técnico. Si esas paredes hablaran, desvelarían los verdaderos secretos de un ascenso plagado de horas de silencioso trabajo.
 
En esta habitación 501 sigue viviendo Luis y ya son dos años lo que la ocupa. Y eso que su precio normal sería prohibitivo, pero el amigo de un amigo... no hay nada que Luis García no pueda conseguir con su sincera sonrisa que le asemeja aún más a Michael Ballack, su apodo en el vestuario. Su parecido con el afamado centrocampista alemán ex del Chelsea es asombroso así que sus jugadores hace mucho que le llaman Ballack y que bromean con él cuando el alemán hace tal o cual cosa en un partido.
 
Y es que la relación entre Luis y sus futbolistas es paterno.filial en muchos casos y casi de hermanos con los jugadores más veteranos que se le aproximan en edad. El técnico participa de sus bromas, las alienta y comparte comidas y cenas con ellos pero, eso sí, todos conocen el límite y, si alguno se le olvida, el madrileño da un golpe en la mesa que le recuerda al implicado los límites de cada rol.
 
Por ejemplo, García Plaza es intransigente en dos aspectos son su grupo; el peso y las salidas nocturnas. Las multas por sobrepeso están a la orden del día y se miden por gramos, con lo que casi todos tienen que pasar por caja. Y pasan. En el vestuario cuelga una hoja en la que se apunta el dinero a pagar por retrasos al llegar y por esos kilitos de más. Respecto a las salidas, si Luis se entera de que alguno de los suyos sale sale cuando no debe... mejor que no se entere. Eso sí, las recompensas también están a la orden del día y, tras muchos partidos, si los suyos lo han dado todo y rendido como toca, el preparador les ha regalado días libres de más. Palo y zanahoria.
 
Si las platas de Altea son su paraíso particular, las calles de Valencia también han cautivado a Luis García, que dio sus primero pasas por ellas en el caluroso verano de 2008 sin que nadie le reconociera y terminó recorriéndolas subido a un autobús descapotable y con miles de valencianos saludándolo al pasar. Entre medias, 84 partidos ligueros y una simpatía contagiosa que conocen bien en uno de sus rincones preferidos: La Lambrusquería, restaurante italiano situado en la calle Conde de Altea, (¡Altea, cómo no!). Posiblemente ese local sea, junto a Brassa de Mar, en la playa de la Patacona, en el que más veces ha comido Luis y es que para él es un talismán. Allí comió antes de su debut ante el todopoderoso Zaragoza y, tras una victoria granota, Luis fue repitiendo antes de muchas grandes citas y casi siempre salió victorioso. Lo hizo antes de recibir esta campaña al líder Real Sociedad y ganó 1-0 y también la víspera de jugar en Cartagena ante un rival directo, con posterior triunfo 3-5. La Lambursquería es uno de sus secretos mejor guardados, pues allí es el "mister" para Toni y Silvio, a los que ha contagiado su pasión granota y hasta allí llevó también a Unia Emery, admirador del trabjo del técnico granota desde que Emery se enfrentó como jugador con el Lorca a la Vilajoyosa que ya entrenaba Luis García.
 
Si sus méritos tácticos son incuestionables en vista del éxito, no lo son menos sus dotes como motivador y psicólogo. Luis ha logrado que un grupo concebido para la pelea por evitar el descenso creyera tanto en sí, disparara hasta tal extremo su autoestima que acabaran peleando el ascenso y lográndolo brillantemente. Para ello, siempre estuvo al lado de sus hombres, a los que demostró máxima fidelidad cuando, en el peor momento de la temporada, tras una fea derrota en Albacete, sacó del vestuario de su equipo al presidente levantinista, Quico Catalán, que desafortunadamente entró a recriminarles la imagen dada a los jugadores. Ahí el entrenador se mostró duro le enseñó al mandatario cuáles eran los límites y quién mandaba en el vestuario y, de paso, los futbolistas volvieron a comprobar que su técnico era también su líder.
 
A partir de aquella tarde, el Levante fue a más y, de estar a tres puntos del descenso y vivir unas navidades mirando por el retrovisor a la zona baja, pasaron a ser el mejor equipo en 2010. La llegada del nuevo año fue un ganar, ganar y volver a ganar. Por eso el técnico colgó en el vestuario la clasificación virtual de 2010, en la que el Levante era primero y eso le repetía a sus hombres: "Somos el mejor equipo de Segunda, miradlo". Y no era eso lo único que colgaba para motivarles: fotos de celebraciones de goles, árbitros que les habían perjudicado y lemas para levantar el ánimo sin olvidar nunca la humildad. Antes de cada entrenamiento y de cada partido, sus hombres leían esos mensajes, para no olvidar quiénes eran y qué podían conseguir.
 
También ayudó el entrenador con la confección de vídeos motivadores que le ponía a sus jugadores en el bus en el trayecto del hotel hacia el estadio: El señor de los anillo, Un domingo cualquiera... fragmentos de películas con imágenes de sus hombres que les disparaban la adrenalina y conseguían multiplicar el rendimiento de todos.
 
Así ha obrado Luis García el milagro de cambiar los duros inicios en Oliva por las lágrimas de emoción en Sevilla. Así ha logrado Luis García un ascenso que parecía imposible para todos menos para él.